Inmaculada Bosch gana la V Edición del Concurso de Microrrelatos con el trabajo “JUEGO DE NIÑOS”

La finalista ha sido Laura Andrea Yannelli con el microrrelato “ECLOSIÓN”

El jurado de la V Edición del concurso de Microrrelatos reunidos telemáticamente la tarde del pasado jueves 4 de febrero, emitió el fallo, en el que da como ganadora de esta edición a Inmaculada Bosch Racero, de Madrid, con la obra “JUEGO DE NIÑOS”, mientras que Laura Andrea Yannelli, de Argentina, con el microrrelato “ECLOSIÓN” ha resultado finalista.

Nuestra enhorabuena a ambas, y os dejamos a continuación los dos microrrelatos seleccionados.

Microrrelato GANADOR

JUEGO DE NIÑOS Autora: Inmaculada Bosch Racero

Una sacudida estruendosa me hizo saltar de la cama. La lámpara se balanceaba de un lado a otro como un trapecio de circo, y los libros se precipitaban contra el suelo.

Me asomé al balcón y me froté los ojos para creer lo que estaba viendo: la playa Calaflores había desaparecido; en su lugar, un despliegue de rascacielos se alzaba imponente.

En el paseo, un ornitorrinco dormitaba bajo una palmera y un cenachero voceaba la pesca del día en un perfecto inglés.

Encendí la televisión, y en todos los canales hablaban del enigmático suceso sin encontrarle explicación. Ciudadanos de todo el mundo se habían despertado con un nuevo escenario desde sus ventanas.

Mi hijo pequeño irrumpió en la habitación con los ojos lagrimosos y las manos en gesto de súplica.

— Perdona, papi. No volveré a jugar con tus mapas.

Microrrelato FINALISTA

ECLOSIÓN Autora: Laura Andrea Yannelli

Más que confinada me sentía confitada, aprisionada en tus almibarados celos de hipocondríaco, cociéndome a fuego lento, soñando tu sueño de la mujer perfecta.

Te permití que me envolvieras en dulces primores. Sin darme cuenta quedé en una rígida cápsula que hiciste paso a paso con paciencia de alquimista.

Lograste un resultado más que apetecible a la vista, al tacto, al sabor, al olfato: perfecta por fuera, deseable para todos, pero incógnita por dentro.

Maduré, y tuve mi propio alumbramiento. Como una crisálida, rompí la envoltura en que me dejé proteger, en que me dejé contener, en que te permití aprisionarme.

He eclosionado, descubrí mi esencia, y aunque parezca extraño, te lo tengo que agradecer. El encierro me permitió conocerte, pero también me permitió conocerme.

Soy una persona más completa de lo que nunca hubiera imaginado; una jábega rinconera en busca de su propio, incierto horizonte. Y yo tengo el mando.